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El Estado somos TODOS (y no es frase hecha)

ago. 05, 2018 17:32

en Opinión

Diario La Mañana de Bolívar - Opinión - El Estado somos TODOS (y no es frase hecha)

Escribe: Ricardo Criado .

Empleados que no cuidan y si se rompe el bien a su cargo, no importa “total es del Estado”.

Comerciantes que sobrefacturan repuestos, reparaciones, alimentos… no importa, total “paga el Estado”.

Funcionarios que utilizan vehículos y maquinarias oficiales para fines personales "paga el Estado”.

Empresarios que ponen sobreprecios a las obras públicas total “paga el Estado”.

Particulares que rompen monumentos, edificios públicos, servicios, total “es del Estado”.

Vecinos comunes que tiran sus basuras después que pasó el recolector o el barrendero, no importa, “para eso está el Estado”.

Funcionarios que se enriquecen con coimas, sobreprecios, total “paga el estado”

Empleados con falsas licencias, mientras otro empleado cobra el sueldo para cubrir su tarea.

No importa, total “paga el Estado”.

Funcionarios que hacen de su área una fuente de trabajo para familiares, conocidos y amigos, aunque no hagan falta…total “paga el Estado”.

 

La necesidad del hombre de vivir en comunidad es reconocida desde el principio de los tiempos por filósofos como Platón o Aristóteles, Hobbes, Santo Tomás de Aquino, Montesquieu y Rousseau. Cada pensador prácticamente da una razón distinta, aunque no contraria a la de los demás. Para unos el Estado debe brindar al ciudadano seguridad y protección. Para otros el Estado es lo que lleva al hombre a llegar a su formación completa. Otros defienden la unión de los hombres por que les es más rentable luchar para la supervivencia de forma conjunta que por separado.

Acordemos que el Estado tiene un rol central e ineludible, dado que debe ser percibido por la sociedad como el garante de los derechos civiles, políticos, económicos, educativos, sociales, culturales y ambientales, entre otros valores indispensables para tener aspiraciones de futuro.

Claro que no alcanza con el rol de garante por parte del Estado, sino que también debe asumir de manera responsable y madura la promoción de las actividades productivas, ser equitativo en la distribución de los recursos y tener una clara y transparente política de regulación y fiscalización.

Argentina está lejos de esos horizontes, lamentablemente… Pero no solo los gobiernos anteriores o el actual tuvieron o tienen responsabilidad, dado que el Estado somos todos. Aunque, lamentablemente, en materia de cultura política hay mucho retroceso, ya que es generalizado confundir al Estado con el partido que gobierna y así se pisotean las instituciones.

Y con respecto a las oposiciones políticas, es oportuno destacar que a esta altura del siglo XXI no alcanza con el “no se puede”, “no nos dejan”, “es imposible”. Y esto es así por la sencilla razón de que sin Estado tampoco hay país. De alguna manera quienes se excusan en el “no se puede” están renunciando a que se tenga un país.

Es cierto que cada vez que se propongan cambios estructurales surgirán tensiones a raíz de los diversos intereses que chocan en una sociedad en donde la Libertad se ha confundido sólo con Derechos (olvidando que en gran medida la Libertad también son Obligaciones). La sociedad es conflicto y a eso no hay que temerle.

Pero alguna vez se tendrá que tener una visión compartida sobre el futuro.

 

Se podrá estar en veredas diferentes, pero el camino debe ser compartido.

 

La construcción ciudadana no es solamente la animación de buenas conductas urbanas, también la democratización de la toma de decisiones vinculadas con las posibilidades de mejorar el tejido social. No alcanza con programas de compromiso, sino compromisos con los programas de cultura ciudadana y de justicia social.

Del mismo modo, de poco sirve el progreso técnico si antes no están garantizadas las oportunidades productivas. No alcanza con lo productivo si antes no hay derechos laborales. Las oportunidades laborales son insuficientes si antes no se garantiza el acceso universal a derechos y prestaciones elementales.

Y para lograr todo esto es de vital importancia una fuerte protección social, especialmente para quienes son más vulnerables. Trabajar en este concepto de igualdad implica un nuevo paradigma económico y político. Y ya se sabe, la economía debe depender de la política.

¿Y la política de quién depende? Depende de los valores éticos, aunque pocas veces se lo diga o se lo reconozca. La organización territorial, el desarrollo de las capacidades y la participación política tienen una íntima relación con la vida de una comunidad.

La dinámica para el desarrollo debe ser virtuosa, porque de nada sirve el aumento de la productividad si no hay inclusión social. Y es ocioso pensar la inclusión social si no hay capacidad productiva.

Incluir no es poner una cosa dentro de otra, sino tener la plena posibilidad de participar en la vida social, económica, política y cultural de la sociedad, potenciando derechos, recursos y capacidades básicas (legalidad, mercado laboral, educación, acceso a la tecnologías de la información, a los sistemas de salud y protección social, a la seguridad ciudadana, a la vivienda) que permitan la vida en plenitud.

El mayor obstáculo es que los oficialismos y las oposiciones a veces no piensan en función del Estado y sus fines, sino apenas en reproducirse sólo para perpetuarse .

Cuando hablamos del Estado nunca debemos olvidarnos de que nosotros somos el Estado y no quienes lo gobiernan, los que gobiernan un Estado simplemente nos representan y lo administran, por lo que el gobernante debe ser ejemplo de lo que deberían ser todos los ciudadanos.

Según Aristóteles los regímenes rectos son los que buscan el interés común, por tanto el gobernante debería predicar con el ejemplo al resto del pueblo. Los desviados son en los que el gobernante busca los intereses individuales, por tanto el pueblo como respuesta al gobernante también se volverá corrupto. En resumen el gobierno que actúa de forma ilegítima provocará que el pueblo lo haga también.

El Estado somos todos y debemos luchar por mantenerlo debido a que es beneficioso para todos y no debemos ir contra el Estado sino contra los gobernantes que ejercen su poder de manera no digna. Para que el Estado pueda ser beneficiosos para todos, los ciudadanos en el sistema democrático debemos preocuparnos de quién es el que dejamos gobernar y que lo haga de una manera ética; es necesario evitar la corrupción y para eso debemos comenzar por nuestras pequeñas corruptelas y exigir igual conducta a nuestros representantes; tenemos que  favorecer el consenso de todos los sectores y para eso debemos comenzar por ser democráticos, cada uno de nosotros y exigir lo mismo a nuestros representantes… en definitiva, debemos comenzar en cada uno de nosotros, una revolución ética, para que nuestros representantes sean éticos y vayamos hacia un Estado en el cual todos nos sintamos parte interesada, porque en definitiva si al Estado le va mal, nos va mal a todos.

Ricardo Criado 

TW: @ricardo_criado / FB: @criadoricardo / IG: criado.ricardo

Colaboró Julio Ruiz

TW: @julioruiznovoa2 / FB @julio.ruiz.718 / IG julioruiznovoa1

 

«No hay, no puede haber buenas finanzas, donde no hay buena política. Buena política quiere decir, respeto a los derechos; buena política quiere decir, aplicación recta y correcta de las rentas públicas; buena política quiere decir, protección a las industrias útiles y no especulación aventurera para que ganen los parásitos del poder; buena política quiere decir, exclusión de favoritos. Pero para hacer esta buena política se necesita grandes móviles, se necesita fe, honradez, nobles ideales; se necesita, en una palabra, patriotismo...»

Leandro N. Alem

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